Sé el número de pasos que hay hasta su puerta.
El número de farolas, la hora a la que se encienden
y a la que se vuelven a apagar, una vez amanecido.
Por saber, sé hasta la hora a la que pasa el último bus, ese que me
deja justo al lado de su calle. El número de árboles que hay en nuestro
parque e incluso la preciosa vista que se observa.
De camino a casa en otra de estas noches
en poco más puedo pensar.
Estoy por desviarme hasta nuestro banco.
Total, todos mis caminos conducen a él.